Eso, que me rayo. Y no debo. Me rayo demasiado. Y me estoy rayando por cosas por las que no me suelo rayar. Y rayarme me da miedo, porque luego todo sale mal. Bueno, sale mal de cualquier manera. Sí, sigo siendo gilipollas, ahora más, si cabe.
martes, 31 de enero de 2012
lunes, 30 de enero de 2012
De felicidad a tristeza en escasos segundos.
Creo que debo de ser gilipollas. Me encantaría entender lo que piensa la gente y lo que quiere decir cuando no dice nada. Por desgracia no tengo esa capacidad y soy muy torpe interpretando señales y gestos, con lo que llego a miles de conclusiones y todas me parecen cualquier cosa excepto válidas.
He pasado un fin de semana increíble. Llegué a Barcelona casi con miedo, como con ganas de dar media vuelta cuando apenas acababa de subir al avión, pero después de todo... se me ha hecho corto. Me encantaría vivir allí. No sé cómo pude rechazar cualquier oportunidad de estar allí, o dejar que me la rechazaran, hace ya un tiempo.
En cualquier caso, sobre estos dos últimos días, podría decir que fui aterrada y que he vuelto a Madrid con una sonrisa, pero también con lágrimas. Sí, por eso soy gilipollas también. No es que quiera insultarme a mí misma. Pero es que me frustra no saber y no llegar a ningún punto correcto. Al llegar allí ya no me dolía tanto el diafragma (llevaba unos días doliéndome) pero a cambio me dolía el pecho, y el corazón me latía rápido, como si tarde o temprano fuera a decir "hasta aquí llego" y a apagarse con un suspiro. He vuelto a Madrid y el corazón sigue latiéndome con fuerza, puedo oírlo casi constantemente. Ya no me duele el diafragma, aunque sigue costándome respirar. No, no es que tenga un problema de salud... Es simplemente que soy gilipollas.
He pasado un fin de semana increíble. Llegué a Barcelona casi con miedo, como con ganas de dar media vuelta cuando apenas acababa de subir al avión, pero después de todo... se me ha hecho corto. Me encantaría vivir allí. No sé cómo pude rechazar cualquier oportunidad de estar allí, o dejar que me la rechazaran, hace ya un tiempo.
En cualquier caso, sobre estos dos últimos días, podría decir que fui aterrada y que he vuelto a Madrid con una sonrisa, pero también con lágrimas. Sí, por eso soy gilipollas también. No es que quiera insultarme a mí misma. Pero es que me frustra no saber y no llegar a ningún punto correcto. Al llegar allí ya no me dolía tanto el diafragma (llevaba unos días doliéndome) pero a cambio me dolía el pecho, y el corazón me latía rápido, como si tarde o temprano fuera a decir "hasta aquí llego" y a apagarse con un suspiro. He vuelto a Madrid y el corazón sigue latiéndome con fuerza, puedo oírlo casi constantemente. Ya no me duele el diafragma, aunque sigue costándome respirar. No, no es que tenga un problema de salud... Es simplemente que soy gilipollas.
martes, 24 de enero de 2012
The years go by... Time is running like a river flows...
No me gusta auto-insultarme. Bastante lo he hecho ya. Pero ahora mismo creo que puedo decir tranquilamente que soy estúpida. He pasado de decir "voy a empezar a tener un poco de valor y plantarle cara a las cosas" a decir "tengo miedo, temo al rechazo, mejor callo y espero que todo pase sin más". No estoy bien. Ultimamente mi horario de vida ha cambiado del todo, no sé cómo ni cuando duermo, no sé ni a qué horas como ni si me alimento bien. Me estoy dejando, no me cuido y lo escondo todo bajo una máscara de falsedad. Paso las noches, la mayoría de ellas, en vela, pensando, mirando a la persiana bajada como si buscara el horizonte. Tengo miedo porque todo lo que deseo está fuera de mi alcance, escapa a mis manos. Siempre igual, como una maldición por algo que hibiera hecho en otra vida. Y siendo así, no me queda otra que esperar, a que siga pasando el tiempo, a verme nvuelta en una ola de costumbre repetitiva que me lleve a tener una vida normal, de esa que yo no quiero, de esa que me da más miedo, que me da asco porque sé que no es la que busco. Si otra vez no logro lo que deseo... ¿puedo quedarme en mi agujero?
miércoles, 11 de enero de 2012
Cuando no sólo no entiendes nada, sino que no sabes nada.
Me daba mucha pereza escribir. No sabía qué poner. y sigo sin saberlo, pero me daba pena dejar el blog tan abandonado. Están siendo unas semanas un tanto raras. Las navidades, esa época que tanto asco me da, por fin acabaron. Han sido unas navidades diferentes. Esta vez estaba sola, pero me he sentido mucho más acompañada que el año pasado. En ese sentido no hay ni punto de comparación, pero como cada año desde hace unos cuantos, me han dado esa mezcla de melancolía y nostalgia que no soy capaz de comprender demasiado bien. Pero bueno, ya acabaron.
Estas semanas son los exámenes en la universidad. Esos para los que no he estudiado. Seguramente me quede todo para junio y me lo merezco, por vaga. Pero por alguna razón, no me siento tan mal como debiera. Será porque he salido y me lo he pasado bien. Será porque hacía tiempo que no me sentía tan acompañada.
El resto de cosas siguen igual. Yo sigo teniendo un vacío interno muy abstracto y extraño, y cada pizca de ilusión que surge y crece en mí, como una posible esperanza, queda rota. La gente puede llegar a ser muy cruel. Aquí es donde entra el título de la entrada. No sólo no entiendes los sentimientos, el modo de actuar y de pensar de los demás, sino que no sabes cuáles son esos sentimientos ni cuál su modo de actuar o pensar, ni el por qué. No sabes nada. Y lo peor de todo es que te encantaría saberlo. Te sientes tan ignorante, tan incapaz de adivinar, que solo puedes desear tener un don o algo así, que te permita saber aquello que te preguntas sobre los demás, que te permita saber y entender. Sería mucho más fácil para aclarar los sentimientos, y no crecerían ilusiones y esperanzas inútiles, que luego son derruídas a hachazo limpio por la crueldad de un par de palabras o la sinceridad de unos cuantos gestos. Y el daño queda hecho, y esas ilusiones cada vez nacen y se reestructuran con menos frecuencia. Y así es como los vacíos se ensanchan y como uno mismo pierde puntos de sensibilidad. Vamos bien, así un día dejaré de querer saber, y dejaré de querer entender.
"I feel nothing but pain, I feel nothing but hate
and everything becomes dust"
Estas semanas son los exámenes en la universidad. Esos para los que no he estudiado. Seguramente me quede todo para junio y me lo merezco, por vaga. Pero por alguna razón, no me siento tan mal como debiera. Será porque he salido y me lo he pasado bien. Será porque hacía tiempo que no me sentía tan acompañada.
El resto de cosas siguen igual. Yo sigo teniendo un vacío interno muy abstracto y extraño, y cada pizca de ilusión que surge y crece en mí, como una posible esperanza, queda rota. La gente puede llegar a ser muy cruel. Aquí es donde entra el título de la entrada. No sólo no entiendes los sentimientos, el modo de actuar y de pensar de los demás, sino que no sabes cuáles son esos sentimientos ni cuál su modo de actuar o pensar, ni el por qué. No sabes nada. Y lo peor de todo es que te encantaría saberlo. Te sientes tan ignorante, tan incapaz de adivinar, que solo puedes desear tener un don o algo así, que te permita saber aquello que te preguntas sobre los demás, que te permita saber y entender. Sería mucho más fácil para aclarar los sentimientos, y no crecerían ilusiones y esperanzas inútiles, que luego son derruídas a hachazo limpio por la crueldad de un par de palabras o la sinceridad de unos cuantos gestos. Y el daño queda hecho, y esas ilusiones cada vez nacen y se reestructuran con menos frecuencia. Y así es como los vacíos se ensanchan y como uno mismo pierde puntos de sensibilidad. Vamos bien, así un día dejaré de querer saber, y dejaré de querer entender.
"I feel nothing but pain, I feel nothing but hate
and everything becomes dust"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)